INTRODUCCIÓN
El presente texto fue
concebido originalmente para un conversatorio organizado por el Área Educativa
del Centro Cultural Metropolitano. Tras realizar algunas adecuaciones, hoy lo público
como un homenaje póstumo a mi amado padre, Reinaldo Miño Vaca, quien fue un ferviente
admirador de la lucha emancipadora y del pensamiento científico y libertario de
Eugenio Espejo. Además, mi padre impulsó con convicción la idea de que las
Banderas Rojas de Espejo se erijan como símbolos permanentes de la lucha por la
libertad. Este escrito recoge, por tanto, no solo una reflexión histórica, sino
también un legado familiar y un compromiso con la memoria viva de nuestra
identidad.
EUGENIO ESPEJO: UN ADELANTADO A SU TIEMPO
Eugenio Chuzig Aldáz,
conocido en la historia como Eugenio de Santa Cruz y Espejo, fue un quiteño que
supo desafiar los límites de su época. Su pensamiento científico, su práctica
médica y su rol como precursor de la Independencia lo colocan como una figura
fundamental en el proceso emancipador del continente. Con su ímpetu de luchador
ferviente, Espejo supo alumbrar nuevos horizontes para el devenir libertario,
como un duende inasible que iluminó la aurora de la patria.
LA EDUCACIÓN COMO PILAR
DE LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Espejo fue un convencido
del poder transformador de la educación. En sus célebres Primicias de
Quito escribió:
"Un día resucitará
la patria; pero los que fomentarán su aliento, y los que tratarán de mantenerla
con vida, sin duda que no serán los que, habiendo pasado las tres partes de sus
años en pequeñeces, no están para aplicar sus facultades a estudios
desconocidos y prolijos: serán esos muchachos que hoy frecuentan las Escuelas
con empeño y estudiosidad. En ellos renacerán las costumbres, las letras, y ese
fuego de amor patriótico, que constituye la esencia moral del cuerpo político”.
(Espejo, 1792/1994, p. 45).
Con estas palabras,
Espejo no solo reivindica el papel de la juventud como motor de cambio, sino
que también inscribe su pensamiento en la corriente ilustrada, aquella que
soñaba con una “República de las Letras” donde el conocimiento fuese el
verdadero cimiento de la libertad. Como él mismo afirmó: "El país
de las letras es un país libre, donde todo el mundo presume tener derecho
ciudadano" (Espejo, 1792/1994, p. 87).
LA CONSTRUCCIÓN COLECTIVA
DE LA HISTORIA
Lejos de concebir la
historia como un destino impuesto, Espejo sostuvo que los pueblos son actores
de su propio devenir. Su llamado a la acción colectiva resuena con fuerza
cuando escribe:
"La solución vendrá
de nosotros mismos, cuando sepamos obrar en común y con solidaria entrega… ya
somos consocios, entramos ya en la escuela de la concordia, de nosotros renace
la patria". (Espejo, 1792/1994, p. 112).
Esta visión comunitaria y
participativa se complementa con su exhortación al orgullo nacional entendido
como virtud social:
"...yo querría,
señores, no os admiréis, que el orgullo nacional fuese la segunda fuente de la
pública felicidad. Si, señores, el orgullo es una virtud social: ella nace de
aquella llama vital nobilísima que distingue al indolente del hombre sensible,
al generoso del abatido, al ilustre del plebeyo". (Espejo, 1792/1994, p.
103).
Y tras diagnosticar la
realidad quiteña de su tiempo —"vivimos en la más grosera ignorancia y
la miseria más deplorable"—, lanza un grito esperanzador: "Quiteños:
sed felices; Quiteños, lograd vuestra suerte a vuestro turno". (Espejo,
1792/1994, p. 105).
LA REIVINDICACIÓN DE LOS
SECTORES POPULARES
Espejo también supo
reconocer la dignidad y el valor de los sectores marginados. En sus Reflexiones
sobre las Viruelas defiende a los artesanos y obreros, discriminados
por una élite que consideraba indigno cualquier trabajo manual:
"La flor de la
juventud quiteña, aquella más útil y beneficiosa para la sociedad porque tal
concibo a la gente de servicio y empleada en las Artes Mecánicas" (Espejo,
1785/1994, p. 167).
Esta reivindicación de lo
popular no era retórica vacía, sino parte de una visión integral de justicia
social que rompía con los esquemas coloniales.
CONTEXTO POLÍTICO Y
NACIONALISMO INCIPIENTE
Para comprender
plenamente el alcance del pensamiento espejiano, es necesario situarlo en el
contexto de las colonias españolas. Los criollos, aunque ricos y educados,
veían limitado su acceso al poder político y al orden social, reservados para
los chapetones. Esta exclusión generó un creciente sentido de identidad
americana, como lo describe el siguiente fragmento:
"Poder político y
orden social eran las exigencias básicas de los criollos. Pero, aunque España
hubiera querido y podido responder a sus necesidades, los criollos no hubieran
estado satisfechos mucho tiempo. Las peticiones de cargos públicos y de seguridad
expresaban una conciencia más profunda, un desarrollado sentido de la
identidad, una convicción de que los americanos no eran españoles. Este
presentimiento de nacionalidad sólo podía encontrar satisfacción en la
independencia." (Ythales, 2008, párr.
4).
Espejo fue, sin duda, uno de los primeros en articular ese sentimiento de
nacionalidad, no desde el exclusivismo, sino desde la crítica al egoísmo de las
élites:
"Por todas partes no
se presenta más que una multitud insensible de Egoístas, cuyo cruel designio es
atesorar riquezas, solicitar honores y gozar de los placeres y comodidades de
la vida a costa del Bien Universal, en una palabra, ser los únicos depositarios
de la felicidad, olvidando enteramente la de la República"
(Espejo, 1785, citado en Montero Valdivieso, 2010, p. 89).
LA MIRADA DEL PODER: EL
TESTIMONIO DE SUS PERSEGUIDORES
Resulta particularmente
elocuente la opinión que sobre Espejo tenían quienes ocupaban los más altos
cargos del poder colonial. Sus propios enemigos, aquellos que lo encarcelaron y
persiguieron, reconocían el peligro que representaba su pensamiento y su capacidad
de convocatoria. El Presidente Villalengua, uno de sus más enconados
perseguidores, se refirió al alcance subversivo de sus escritos y actos en los
siguientes términos:
"El no haberlo yo
ejecutado o esta Real Audiencia, sin embargo de no ocultársenos la justicia que
así lo exigía, ha sido no sólo por las causales que en el Auto del Tribunal se
tuvieron presentes, sino también, porque, habiendo de salir reos forzosamente
en la causa muchos sujetos de clase distinguida, amigos, corresponsales y
confidentes de Espejo, ocasionaría semejante procedimiento en esta provincia un
incendio difícil de apagar" (Villalengua, 1795,
citado en Miño, 1994, p. 215).
Esta confesión
involuntaria del poder colonial revela el verdadero temor que inspiraba Espejo:
su influencia se extendía más allá de su persona, alcanzando a las élites
criollas que compartían sus ideales emancipadores. No era un rebelde solitario;
era el líder de un movimiento que amenazaba con incendiar toda la provincia.
La confirmación póstuma
de su rol protagónico
La historia ha dado la
razón a quienes vieron en Espejo al artífice de la emancipación. Una
comunicación fechada el 17 de noviembre de 1810, que Molina —entonces
Presidente de la Real Audiencia de Quito— dirigiera al Gobierno español,
hallada por el historiador Monseñor González Suárez en el Archivo de Indias de
Sevilla, confirma que Espejo —muerto ya 15 años atrás— estuvo comprometido y
fue promotor en la conjura de emancipar las colonias españolas de este
Hemisferio Occidental, para constituirlas en naciones con gobiernos libres,
soberanos y demo-republicanos, como los instalados hacia poco en Estados Unidos
y Francia. Molina comunica que Espejo tenía concebido el proyecto bélico de
movilizar en bloque monolítico, y en una misma fecha, a todas las principales
capitales de virreinatos y audiencias. Sospecha que Espejo encabezaba el
pronunciamiento. De que él fuese el guía máximo en Quito, no caben dudas
(Molina, 1810, citado en Miño, 1994, p. 216).
Este documento oficial,
redactado por una autoridad colonial quince años después de la muerte de
Espejo, constituye una prueba irrefutable de su papel central en el movimiento
independentista. La memoria del poder no olvidaba a quien había sido su más temible
adversario.
El creador del Derecho
Internacional Panamericano
La visión geopolítica de
Espejo trascendió los límites de la Audiencia de Quito para abarcar todo el
continente. Sergio Lasso M., en su estudio Eugenio Espejo: político,
lo califica como el "creador del Derecho Internacional
Panamericano" (Lasso, 1980, p. 45). Su criterio responde
integralmente a la verdad, basándose en la lapidaria frase espejiana: "América
debe ser solamente para los americanos", lema que sintetiza su
pensamiento político y su concepción de la soberanía continental (Espejo, 1792,
citado en Lasso, 1980, p. 46).
Pío Jaramillo Alvarado y
el elogio del patriota
De este legado, Pío
Jaramillo Alvarado prefiere para su elogio el oro puro de su patriotismo, la
palabra vibrante del periodista y del político, la obra cívica inmortal del
precursor de la independencia, y su mensaje profético en bien de la nación
quiteña —hoy ecuatoriana—, que revela la intensidad de su genio; pues son
válidos sus pensamientos, sus advertencias, sus admoniciones, un siglo después
del devenir político, cumplidos ya sus anhelos emancipadores y realizada la
República, que necesita aún ser iluminada y dirigida por su espíritu (Jaramillo
Alvarado, 1944, p. 12).
"Pues la gloria del
Precursor Espejo radica fundamentalmente en el patriota; su obra trascendental
es la del periodista; su contribución a la creación de la patria fue su
actividad de conspirador, de agitador oculto, misterioso, de búho que presagia
con su nota estridente en las tinieblas del ambiente quiteño, la presencia de
los ojos abiertos a la verdad que difundía en el periódico mural y en la
conspiración permanente contra la injusticia, los perjuicios de las castas
sociales y los errores y las responsabilidades de los dirigentes políticos. Lo
que trascendió y perdura en la vida nacional, es, pues, la actuación política
del patriota y la rebeldía del periodista" (Jaramillo
Alvarado, 1944, p. 13).
"El espíritu y la
acción de Espejo fecundó la revolución emancipadora. Esta es su obra
inmortal" (Jaramillo Alvarado, 1944, p. 14).
Oscar Efrén Reyes: el
estadista y su proyecto político
El historiador
ecuatoriano Oscar Efrén Reyes, en su Breve Historia del Ecuador,
manifiesta que la novel política preconizada entonces por Espejo no era
precisamente la "de un soñador, sino de un estadista" (Reyes,
1980, p. 189). Traza en sucintos rasgos el proyecto de rebelión y lo sustantivo
de la cartilla cívico-social auspiciada por Espejo. Reyes escribe de este modo:
"Por dicho proceso
se supo que, de acuerdo con otros notables hombres de Quito y de varias
capitales de América española, trataba de provocar una insurrección general,
con los siguientes propósitos políticos: emancipación completa, mediante mutua
ayuda militar entre las provincias hispanoamericanas; constitución de los
países americanos en repúblicas independientes y democráticas; nacionalización
estricta de las funciones administrativas y de gobierno, con prescindencia
absoluta, sobre todo, del elemento español; y nacionalización del clero, y
confiscación de las grandes y excesivas propiedades territoriales de las
grandes comunidades religiosas, en beneficio del Estado" (Reyes,
1980, p. 190).
Este programa político,
formulado a finales del siglo XVIII, contiene todos los elementos que
caracterizarían los movimientos independentistas del siglo XIX: independencia,
republicanismo, soberanía popular, nacionalización de las instituciones y
reforma agraria. Espejo no solo soñó con la libertad; diseñó con precisión el
proyecto de nación que debía suceder al régimen colonial.
Su pensamiento político:
el ideólogo de la emancipación
Para el médico
ecuatoriano Plutarco Naranjo, "Eugenio Espejo no solamente fue un
extraordinario médico, un erudito y sabio, fue el verdadero ideólogo de la
emancipación americana, el prócer y primer mártir" (Naranjo,
1972, p. 33).
Basta leer el
célebre "Discurso", que Espejo escribió para los quiteños
durante su estadía en Santa Fe de Bogotá, cuando ante sus contertulios Nariño,
Francisco Antonio Zea, Celestino Mutis, entre otros, expuso sus ideas políticas
y sus proyectos de independencia, y ellos lo animaron a escribir para sus
compatriotas proponiéndoles la organización de una Sociedad Patriótica. Es una
verdadera proclama política. Después de hacer ver sin rodeos que "vivimos
en la más grosera ignorancia y la miseria más deplorable" (Espejo,
1789, citado en Naranjo, 1972, p. 35), termina exhortando veladamente a la
acción: "Quiteños: sed felices; Quiteños, lograd vuestra suerte a
vuestro turno" (Espejo, 1789, citado en Naranjo, 1972, p. 36).
Su praxis revolucionaria:
el pensamiento en acción
Sin embargo, Espejo no se
encerró en su biblioteca a pensar y escribir alejado de la realidad; sus
escritos iban encaminados a grandes reformas de las estructuras coloniales. De
hecho, reclamó su derecho de ir a la "batalla" por
la independencia de su pensamiento, sintiéndose libre de cualquier control. Más
aún, advirtió a España que algún día también en sus territorios sudamericanos
se llegara "a la batalla" (Espejo, 1792, citado en
Keeding, 1985, p. 78).
Fue uno de los primeros
en criticar al sistema colonial y levantarse contra él, exponiendo su vida.
Ekkehart Keeding, historiador alemán, doctor en Historia Iberoamericana por la
Universidad de Colonia, quien fue profesor universitario por más de una década
en Quito y estudioso de Espejo, recalca que fue a partir de 1775 cuando se
produjeron levantamientos contra el sistema colonial, a raíz de las reformas
fiscales de 1765, particularmente severas en la Real Audiencia de Quito con
duros impuestos y prohibición de exportar los tejidos artesanales (Keeding,
1985, p. 45). Para este historiador, con Espejo comienza la independencia
intelectual, la libertad de pensar de los americanos de la Provincia de Quito
(Keeding, 1985, p. 47).
El Dr. Naranjo considera
revolucionario el principio de "soslayar aquello de que el Rey
está investido de un poder divino, como predica la iglesia", como lo
planteó Espejo con sutileza, "para, en cambio, afirmar que es la
sociedad la que ha depositado en el Rey su autoridad" (Naranjo,
1972, p. 38). Revolucionario fue también promover la igualdad de todos los
ciudadanos y la nacionalización de las propiedades eclesiásticas. En sus
escritos aparecía por primera vez el postulado de la igualdad de indígenas y
criollos y los derechos de la mujer (Naranjo, 1972, p. 39).
Para difundir sus
planteamientos revolucionarios independentistas, editó en 1792 el primer
periódico publicado en la ciudad, denominado "Primicias de la
Cultura de Quito" (Espejo, 1792/1994, p. 40). Y como
revolucionario, guiado por la razón ilustrada, que leía a Rousseau y
Montesquieu, no dudó en citar a estos autores en carta oficial al gobierno.
Las Banderas Rojas: el
símbolo de la insurrección
Es muy significativo lo
que narra Keeding: cuando había llegado a Quito la noticia de la detención de
Antonio Nariño en 1794, debido a su traducción de los Derechos del
Hombre, aparecieron en la mañana del 21 de octubre del mismo año en las
principales cruces de piedra de Quito las banderitas de tafetán blanco-rojo con
el texto clásico en latín: "Liberi esto. Felicitatem et Gloriam
consecunto: salva cruce", que él traduce como "Sed
libres, conseguid la felicidad y la gloria por la cruz que nos salva" (Keeding,
1985, p. 89).
Keeding establece dos
hipótesis a favor de que Espejo fue el mentalizador de este texto: primera, que
durante 1791-92 "Felicitas" recordaba el "Happinness" de
la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos en 1776, y "Gloria" evocaba
la "Glorious Revolution" de Inglaterra en 1688, dos
hazañas revolucionarias de máximo significado político europeo-americano, como
simbiosis revolucionaria para aplicar en Quito (Keeding, 1985, p. 90). Y añade
una segunda razón: haber Espejo trabado amistad con Nariño, lo que lo motivó
para entrar en acciones revolucionarias como protesta contra el dominio español
en Quito, internacionalizando el conflicto de Santa Fe de Bogotá (Keeding,
1985, p. 91).
En una referencia a Juan
Pío Montufar en el Archivo General de Indias, he encontrado esta interesante
interpretación de las banderas rojas de Espejo:
"El marqués veía en
Espejo una imagen paterna, aceptaba sus ideas y hasta le financió el tafetán
encarnado para la confección de las banderas con la leyenda 'Busquen la dicha y
la gloria que trae la libertad' puestas en algunas cruces de Quito el 21 de
octubre de 1794. La invasión de Napoleón a España indujo a los hacendados
criollos de Quito y a sus amigos intelectuales y burócratas a deponer al
presidente de la Audiencia y a formar una Junta de Gobierno como las de la
España alzadas en armas contra los franceses" (Archivo
General de Indias, 1794, citado en Montufar, s.f.).
Es decir, según esta
referencia en el Archivo General de Indias, el texto de las Banderas Rojas de
Espejo se podría colocar con la leyenda: BUSQUEN LA DICHA Y LA GLORIA
QUE TRAE LA LIBERTAD, seguido de Salva Cruce, tal como lo
sugiere Reinaldo Miño Vaca en su obra Las Banderas Rojas de Espejo (Miño,
1994, p. 220).
La respuesta del poder:
encarcelamiento y muerte
Montero Valdivieso
expresa:
"A pesar de todo,
sea por el asunto de las cruces o no, lo cierto es que seis o siete días
después, don Luis Muñoz de Guzmán, en carta Reservada del 6-II-1795 (documento
que hallamos en la Biblioteca de la Casa de la Cultura, Núcleo de Azuay —Cuenca—,
en fecha 6-I-1959), le hace conocer al Virrey Espeleta el encarcelamiento de
los hermanos Espejo en estos términos:" (Montero
Valdivieso, 2010, p. 92).
"Reservada
Excelentísimo Señor:
Habiéndoseme dado
noticia, que el Presbítero don Juan Pablo y el médico Don Francisco Javier
Eugenio de Santa Cruz y Espejo vertían en sus conversaciones especies poco
conformes a los derechos de su Majestad y que favorecían las ideas de libertad
que contaminan en el día a todos los países, he procedido a averiguarlas y han
resultado ser fundadas las sospechas, por lo que están arrestados, y se les
está siguiendo causa. Lo que pongo en noticia de Vuestra Excelencia, para que
quede enterado de ello, y concluida que sea, daré cuenta de sus resultas.
Dios guarde a Vuestra
Merced. Quito, 6 de febrero de 1795.
Excmo. Señor
f) Luis Muñoz de Guzmán
Al Excmo. Sr. Dn. Jph. de
Espeleta" (Muñoz de Guzmán, 1795, citado en
Montero Valdivieso, 2010, p. 93).
El Virrey Espeleta,
aludiendo a las antedichas leyendas soliviantadoras en las cruces de piedra,
escribió al Presidente de Quito Muñoz de Guzmán "que el estilo de
estas inscripciones era semejante al de las Doce Tablas, y que no se perdonará
ninguna diligencia para evitar una conmoción popular; pues, las ideas que se
revelaban en Quito se difundían en Bogotá" (Espeleta, 1795,
citado en Herrera, 1895, p. 156).
González Suárez: el
testimonio del historiador
Mons. Federico González
Suárez dejó el siguiente testimonio:
"Cuando ha
trascurrido ya más de un siglo, estudiando la vida de Espejo, nos sorprendemos
de lo avanzado de sus ideas revolucionarias… Espejo no se contentaba solo con
la Independencia, quería que se organizara un buen gobierno nacional sobre una
base igualitaria entre todos los ciudadanos" (González
Suárez, 1892, p. 345).
El reconocimiento
institucional del legado espejiano
Para concluir, quiero
destacar el interés de las instituciones del Sistema de Cultura de seguir
investigando y aprendiendo de este genial duende inasible, reflejado en la
publicación de sus obras completas. No sé si se incluyeron investigaciones
sobre los documentos que reposan en el Archivo Histórico Nacional Núcleo del
Azuay, a los que se ha referido el Dr. Montero, y a los que también los
reencontramos en los años 90 cuando trabajamos en el INPC, realizando
investigaciones aplicadas para la conservación de ciertos monumentos del
patrimonio edificado del Azuay que corrían peligro de ser derrocados, y también
al trabajo que hiciéramos para la conservación del Patrimonio documental
histórico.
Aplaudimos la decisión
del INPC, con motivo de la Celebración del Bicentenario, de haber
declarado El Pensamiento y obra de Eugenio Espejo patrimonio
nacional, como lo expresó Rita Díaz Benalcázar:
"Espejo anhelaba
sublevarse contra el vasallaje y establecer en ellos un gobierno popular o
democrático" (Andramuño, citado en Freile, 2008,
p. 21).
"Espejo tuvo osadas
ideas políticas para su época, pretendía la emancipación hispanoamericana, pues
comprendió tempranamente que las autoridades hispánicas no tenían la menor
intención de remediar los males de la provincia quiteña; y una vez libres de la
tutela de España, siendo naciones independientes, optar por un gobierno
republicano demócrata donde solo participarían americanos, donde cada región
sería gobernada por personas nacidas allí, donde los extranjeros y españoles no
tendrían participación alguna y donde incluso los clérigos que servirían serían
también naturales" (Astuto, citado en Freile,
2008, p. 22).
El plan desarrollado por
Espejo presuponía levantamientos generalizados simultáneos en todos los
virreinatos y audiencias, con el fin de prestarse ayuda mutua y defensa común
contra el ejército español (Freile, 2008, p. 23).
"Siempre fue
constante en su crítica a los funcionarios coloniales por medio de sus obras y
pasquines, donde demostró una clara percepción de la realidad nacional, realizó
una 'labor de zapa a través de sus escritos donde analizó la crítica situación
de la región y donde censuraba a las autoridades locales'" (Freile,
2008, p. 22).
"Ganándose el odio
de los mismos, quienes lo miraban como insurgente y quisieron verse libres de
él. Las autoridades acumulaban pruebas de su acción subversiva, de su ánimo
levantisco y rebelde, de su ejemplo corrosivo en los jóvenes que se reunían bajo
su guía para analizar la realidad y buscar soluciones a todos los problemas que
existían" (Freile, 2008, p. 20).
Epílogo: la semilla
inmortal
Eugenio de Santa Cruz y
Espejo fue encarcelado y luego probablemente envenenado en la prisión, acusado
de ser el autor intelectual de las Banderas Rojas, del Retrato de la
Golilla, y de haber atacado constantemente al sistema del poder colonial
español. Fallece en el año de 1795, pero su semilla revolucionaria se sembró en
sus discípulos, que el 10 de agosto de 1809 dieron el Primer Grito de
Independencia y prepararon las bases para la Independencia definitiva de España
el 24 de mayo de 1822.
Hoy sus ideas son tan
actuales como en aquella época. Está presente en la lucha de los obreros, los
campesinos, los desvalidos, los desempleados, los intelectuales que luchan por
construir una mejor nación en la que predominen la equidad, la justicia, la
libertad, la solidaridad y el bienestar. Espejo no murió; su espíritu sigue
vivo en cada quiteño y quiteña que alza la voz contra la opresión y sueña con
una patria libre, soberana y justa.
Eugenio Espejo no fue
solo un médico o un escritor; fue un visionario que entendió que la libertad se
construye desde la educación, la conciencia social y la participación activa de
todos los sectores. Su legado, más vigente que nunca, nos invita a recuperar el
orgullo por lo nuestro, sin caer en exclusiones, y a trabajar por el bien común
por encima de los intereses particulares.
Hoy, al recordarlo desde
la voz de mi padre, reafirmo que las Banderas Rojas de Espejo no son solo un
símbolo del pasado, sino un llamado permanente a seguir luchando por una
sociedad más justa, libre y solidaria. Que su ejemplo nos inspire a ser, como él
soñó, artífices de nuestra propia historia.
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